ECO AVANCE EDUCATIVO

ECO AVANCE EDUCATIVO

Autoextinción: daños irreversibles

Estas son las imágenes de las tapas de los principales diarios del mundo, creo que por más que puedan resultar tremendas, son solo el principio de un ovillo gigantesco que no sabemos cómo desenredar y de ello depende en estos momentos la forma de vida de las siguientes dos generaciones y de que la humanidad sobreviva para el 2100.

Catastrófico, ¿no? Desde que tenemos registro de nuestra historia, la humanidad ha enfrentado y sobrevivido a muchos desafíos y amenazas mortales con desastres naturales (inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, etc.) a las guerras, a las epidemias (peste negra) y pandemias (gripe española). Hoy, todavía no hemos salido de la Pandemia del Covid-19. Si bien vemos más perspectivas positivas, falta para que finalice y los verdaderos números de pérdidas humanas recién serán visibles en los próximos años.

Esta pandemia que estamos viviendo, nos trajo a la realidad de cuán vulnerables somos, y que la ciencia y la tecnología no lo solucionan todo mágicamente. También nos trajo el recordatorio de que nuestras acciones tienen consecuencias que se pagarán más temprano que tarde. En lo económico a nivel mundial, dicen algunos, ha producido un colapso similar a la gran Depresión de la década del ´30, con todo lo que ello significa (esto es, más personas caerán a la línea de indigencia).

Enfrentamos la mayor crisis existencial de nuestra historia conocida y no somos ajenos como antaño. Hace unos días, el 9 de agosto de 2021, la ONU dio a conocer su último informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el cambio climático) que concluye que la responsabilidad del ser humano en el calentamiento de la atmósfera, el océano y el suelo, es innegable.

Debido a nuestras acciones, el mundo cambió y continuará cambiando en las próximas décadas. La tan temida suba de temperatura de +1.5 grados que se preveía para el 2050 y que podría quebrar un límite clave de la temperatura global, se adelantó y sucedería en poco menos de una década, es decir, para 2030. Hoy tenemos una temperatura de +1.1 que en la era preindustrial y el factor humano puso +1.07, ello trae más salinidad en los océanos, aumento de los mismos y reducción de los glaciares que posiblemente desaparezcan para el 2050: con decirles que hoy hay barcos que transitan por el mar Ártico que hace una década lo hacían por el canal de Suez, a causa del descongelamiento de sus glaciares. Los efectos de un planeta más caliente son: las olas de calor (incendios), precipitaciones intensas, sequías, perdida de la biodiversidad con su correspondiente impacto sobre nuestra salud y calidad de vida, falta de seguridad alimentaria y de suministro de agua, sumando obviamente nuestra seguridad ya que al ser escasos los recursos habrá muchísimos conflictos bélicos sin dudas.

¿Cómo llegamos hasta aquí? Por la quema del carbón, el petróleo y el gas natural. La humanidad ha pasado de tener 1.600 millones de personas en el año 1.900 a tener 7.000 millones en 2020, todo ello ha hecho que hayamos avanzado en las fronteras de la naturaleza para vivir y alimentarnos (fronteras urbanas y agrarias). Todo ello produjo y produce Gases de Efecto Invernadero (GEI) los causantes del calentamiento global. Sin desviarnos, la principal causa de los GEI es la energía que utilizamos para transporte, servicios y nuestro estilo de vida.

A nivel mundial la matriz energética es un 80% de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y solo son renovables un 20% (solar, eólica, hidroeléctrica); (dejo afuera la energía nuclear porque si bien no es renovable y su principal problema son los residuos, no produce GEI, y por esta característica es un tipo de energía a tener en cuenta.)

Todo esto no puede empezar a solucionarse sin la participación de los Gobiernos. De más está decir que estaríamos en mejor condición si tal vez EEUU no hubiera tenido una política tan pendular, comenzando por George Bush que le ganó las elecciones a Al Gore (ambientalista) y al hacerlo, dejo de lado el protocolo de Kioto. Seguimos con Obama, quien suscribió al Acuerdo de Paris para la reducción de los GEI y dicto medidas internas para la transición energética de su país a energías renovables. Un gran avance, pero todo fue abandonado por Donald Trump, un ser ambientalmente funesto. Continuando con la historia, al asumir Joe Biden se han retomado muchísimas de las medidas políticas económicas ambientalmente amigables a nivel mundial y nacional.

Como positivo se puede mencionar que hace pocos días, el 22 y 23 de julio, se reunieron los Ministros de Medio Ambiente del G20 en Nápoles Italia y es la primera reunión que se realizó para tratar exclusivamente el tema de la alteración del clima en las agendas de trabajo y acordaron sobre una serie de puntos para superar este desafío, ratificando el acuerdo de Paris sobre el cambio climático. Además, se acordó proteger la biodiversidad, los recursos hídricos, los océanos y los mares, restaurar los ecosistemas y los suelos con soluciones ecológicas, además de prevenir y reducir los desechos plásticos. Lo negativo es que, para variar, los participantes no lograron ponerse de acuerdo en cuanto al objetivo de modificar sus matrices energéticas para controlarlos GEI y las temperaturas globales. El mayor desacuerdo existe, por un lado, entre Estados Unidos, Japón y países europeos que están en transición de la modificación de sus matrices energéticas por otras renovables y, por otro lado, entre China e India que tienen más del 50% de su matriz energética a base de carbón (mineral que produce más GEI y se utiliza para la generación de energía eléctrica) y no tienen intención ni de modificarla ni de reducirla. Con el apoyo de Rusia que les vende petróleo y gas a ambos países, obviamente este tema no se incluyó en el comunicado. Tampoco encontraron “una voz común” (frase diplomática) acerca de la reducción de la producción de petróleo y gas, ni fecha estimada de la finalización de su utilización, debido a que muchos son países exportadores de este combustible.

Lo esperanzador, a pesar de lo anterior, es que todo el mundo financiero se está transformando en verde: mercados de deuda, debt swaps, nature swaps, climate swaps y bonos verdes. Las operaciones crediticias se ajustan, se cambian las políticas de garantía y compra de activos, se condicionan los créditos a la transparencia climática, es decir, se refleja el riesgo del clima en la asignación de recursos. En marzo de 2021 la Junta del Green Climate Fund (GCF) y aprobó cofinanciamiento para el desarrollo de 15 nuevos proyectos de bajas emisiones, transformación energética y resiliencia climática por 7,500 millones de dólares. La UE firmo el Pacto Verde europeo en diciembre de 2020 donde, entre otros temas, se propuso invertir 72.000 millones de euros en los próximos 7 años para renovar edificios para hacerlos más eficientes y se prevee reducir un 39% de consumo primario de energía. Además, se impulsará la acción climática global mediante financiamiento para la transformación de las economías y la transición energéticas, de las cuales Argentina se podría beneficiar.

A tal punto marca la agenda del cambio climático, que el día 6 de agosto se reunió con el Presidente Alberto Fernández el Consejero de Seguridad Nacional de los EEUU para tratar sobre el cambio climático y la seguridad de la región, ya que ello involucra recursos naturales, energéticos y problemas sociales, entre otros.

El cambio climático es una crisis socio ambiental imparable, pero harán falta muchas acciones y cambios culturales para lograr superarla y la descripción de todo lo que abarca excede este trabajo por mucho. Pero deberemos, Todos – Estado, Empresas, ciudadanos –, tomar decisiones conscientes, sabiendo sus efectos a corto y largo plazo.

Preguntarnos: ¿Qué tipo de sociedad y estilo de vida queremos? las respuestas y modelos a seguir no van a ser simples, ni fáciles, pero deben buscar un mundo más justo y que asegure nuestra supervivencia como sociedad organizada más allá del 2050. Como decía el climatólogo Oded Carmeli: “La gente no comprende totalmente de qué estamos hablando… No entiende que se espera que todo cambie: el aire que respiramos, los alimentos que comemos, el agua que bebemos, los paisajes que vemos, los océanos, las estaciones, la calidad de vida. Nuestros hijos tendrán que adaptarse o extinguirse.”